Durante el día, cientos de pensamientos aparecen en nuestra mente; preocupaciones, inquietudes, recuerdos, ideas, etc. Evidentemente si le hacemos caso a todos nos volveríamos locos, el tiempo y la energía no da para eso. Sin embargo, aquí la pregunta importante es: ¿por qué de todos los pensamientos, sólo ejecutamos los que parecieran ser los peores?

Yo no tengo la respuesta del por qué elegimos quejarnos en lugar de agradecer. De por qué le gritamos a nuestra pareja en lugar de entenderla. Del por qué nos tratamos como la peor persona del mundo y a nuestro enemigo le brindamos una sonrisa.

Podemos pasar toda la vida investigando y aún encontremos la respuesta, seguiríamos tomando las mismas decisiones. Porque tú y yo sabemos que el refresco hace daño, y aun así lo seguimos consumiendo. Estoy seguro que sabemos a la perfección, o al menos en su gran mayoría, aquellas cosas que nos hacen daño y aquellas que nos generan bienestar. No obstante, seguimos eligiendo lo que no nos hace bien.

A veces no se trata de saber, sino de hacer.

Todo lo que digo y escribo es meramente mi opinión, como todo, tú ya sabrás si te sirve o lo desechas.

Dicho esto, enfoquémonos en actuar: hacer las cosas no es tan simplemente hacerlas y ya, ya que, de ser así, todos no faltaríamos ni un sólo día al gimnasio. El actuar va mucho más profundo de lo que imaginamos. Porque antes de la acción está el pensamiento, primero pasa por nuestro cerebro y después hay una especie de filtro, la idea se divide en una secuencia de botones o situaciones a elegir: actuar, dejar pasar, pensarlo más, ignorar, etc, pero podríamos simplificarlo en dos: hacer o no hacer. Y el detonador no es tu mente, ni tu cuerpo, es aquello que llamamos: emoción. Si ese pensamiento te lleva a una emoción positiva de manera inmediata, no le darás más vueltas, de inmediato tomarás acción y le darás ese abrazo, le llamarás, beberás esa cerveza, incrementarás la velocidad al manejar o cualquiera que sea la acción a realizar. Por eso es que hacemos lo que en este momento nos haga sentir bien, aun si las consecuencias de esa acción, el día de mañana terminan siendo totalmente desastrosas.

Para recapitular un poco, lo que define si tomamos acción o no, es la emoción que estamos por sentir. Y por eso muchas veces nos paralizamos, porque si el declarar nuestro amor a esa persona que nos gusta nos hará sentir felices de ser correspondidos, pero… ¿y si no es así? Si expresamos nuestro sentir y la otra persona no siente lo mismo, entonces lo que sí sentiremos será un profundo rechazo y rabia hacia nosotros mismos. Ahí es cuando entra la valentía, porque no hay garantía de nada. Es como aventar una moneda, no sabemos si caerá cara o cruz hasta que la hayamos lanzado. Eso es lo que aterra, las emociones no solamente te impulsan, muchas veces también te frenan. En ese momento, es cuando expreso algo que me encanta y denomino como apostarle a la probabilidad:

Imagina que te encuentras en una cafetería con tus amigos y hay una mujer u hombre que te encanta dos mesas adelante. Es tal cual como si Dios te la hubiera mandado, físicamente tiene todo lo que te gusta para que sea tu pareja. Si te levantas, te acercas y le preguntas si le gustaría ser tu novia o novio, ¿cuál crees que sería su respuesta? Yo diría que hay un 90% de probabilidad de que te rechace. No te conoce, no sabes si ya tiene alguna pareja, si solo está allí de vacaciones y es su último día en la ciudad. No sabes nada, y sin información, las probabilidades de fracasar son muy altas. Por el contrario, si le saludas, le comentas que estás con tus amigos y quisieras su Instagram o su teléfono para después invitarla a salir. Todo esto con confianza, ya que la seguridad en el juego de la seducción juega un papel más que importante, decisivo. Puedes decir las palabras correctas, pero si lo haces sin convicción, no servirá de nada. Aunque eso es para otro escrito. El punto, es que si consigues su insta, salen, se divierten, se conocen, llegan a tener un par de citas, las probabilidades de que cuando le declares tu amor te responda un sí, se elevan de una manera increíble. Y como haces una cosa, haces todo. Si quieres obtener un ascenso en tu empleo, la fórmula es la misma. No vayas y lo pidas nada más porque lo crees merecer. En cada oportunidad, hazle conocer a tu jefe todo el valor que estás aportando a la empresa. Ten una buena actitud, y cuando sientas que las probabilidades estén a tu favor, solicítalo.

Sigamos a un paso más profundo, ¿de dónde viene el pensamiento? ¿Apareció de la nada como por arte de magia o hubo algo que lo atrajo a ti? Yo diría que ambas. Todo lo que ves, escuchas y sientes se almacena en tu mente, y puede durar años allí latente, y después se detona por medio de un impulso externo. Por ejemplo, si viste una película de miedo a principio de mes, y por alguna situación tu familia tiene que salir de viaje y te quedarás solo en casa, ese ambiente y soledad te hará recordar el filme y podrás inclusive sentir miedo. O cuando escuchas alguna canción y por más que lo deseas, no puedes dejar de cantarla. Y de la otra manera, se dice que todas las ideas ya existen en este mundo y se encuentran en la consciencia universal. Si pasas por una esquina donde hay un local en renta, puedes pensar que ese lugar estaría ideal para poner una taquería, pero no eres la única persona con ese pensamiento. De toda la gente que pasa por allí, varios piensan lo mismo. Pero solamente aquel que se atreva a poner la taquería, será quién goce o sufra los resultados.

Por eso es importante detenernos un momento a analizar, este pensamiento que tengo en este momento, ¿de dónde viene? ¿De ejecutarlo, me hará feliz hoy, pero miserable mañana? U ¿hoy me dará dolor, pero mañana satisfacción? ¿Qué emoción me genera? Obviamente es imposible hacerlo con cada pensamiento que surja, pero si lo haces 5 minutos, una vez a la semana, te aseguro que tu vida cambiará para bien.

No todo pensamiento necesita altavoz, muchas veces, lo que se necesita es ponerlo en un cofre bajo llave y aventarlo lo más lejos que podamos para nunca volver a verlo.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *