Me encontraba caminando por la calle, paseando a mi perro Volky. Esas caminatas vespertinas, para mí, son mi momento de relajación y de reflexión. Estábamos a media cuadra de cruzar la calle cuando empecé a escuchar que un coche tocaba el claxon repetidamente y con desesperación. Evidentemente cuando eso pasa, es algo que te saca de tus pensamientos y te pone en estado de alerta. De inmediato enfoqué la mirada y vi que había varios coches detenidos justo a la mitad de la calle, impidiendo el paso a los otros conductores, y así estuvieron por bastantes minutos. La mayoría de los autos se encontraban pitando, y cuando por fin pudieron avanzar, un coche azul bajó el vidrio para gritar: “pa’ pen… no se estudia”. A lo mejor el conductor no vio la escena completa, pero el auto que quedó estorbando a la mitad, no podía ni avanzar ni retroceder, pues los autos de enfrente y atrás de él estaban muy justos como para que pudiera maniobrar.
Yo seguí mi camino y me puse a pensar; ¿de qué le sirvió al conductor auto azul insultar a la camioneta? No avanzó más rápido, de hecho, yo caminando, íbamos prácticamente a la misma velocidad debido al tránsito que se presentaba. A mi parecer, el único beneficio que obtuvo fue la liberación emocional que tenía guardada, y eso evidentemente no es más que una suposición pues no lo conozco. Probablemente llevaba prisa, tenía alguna emergencia, o simplemente estaba harto del tránsito o de su día. Lo cual no da ninguna justificación para insultar al prójimo. Chance y solamente se trataba de la cadena de insultos, como la que ejemplifica perfectamente un episodio de “How I Met Your Mother”.
La moraleja por llamarlo de una manera, es que no ganó absolutamente nada, por el contrario, pudo haber terminado muy mal. Nunca sabemos cómo va a reaccionar la otra persona.
Por otra parte, este mismo día, ya descansando un rato viendo las redes sociales, me topé con la publicación de una persona que sigo, o, mejor dicho, seguía, de igual forma insultando. En su post, hacía referencia a un grupo llamándoles “nacos”. Lo más feo de todo esto, es que supuestamente te enseña sobre espiritualidad y desarrollo personal. Cada quién es libre de decir y expresar lo que desee, pero si una persona que se autodenomina como un guía espiritual, y comparte insultos con orgullo, aléjate de él o ella lo más que puedas, porque no ha entendido nada. Claro que todos somos seres humanos, y vamos en un vaivén de emociones, pero al menos para mí, no puedes generalizar e insultar de manera despectiva a un grupo de personas, porque el que pertenezcas a cierta clase o tu estatus social, no te hace idéntico a todos. Cada uno de nosotros es diferente y único, eso nos hace especiales. Estar enojado es sano, comentar que no empatizas con ciertas creencias es válido, inclusive puedes decir que odias a cierto tipo de personas, (debo admitir que yo lo he hecho). Pero es muy diferente eso a ofender. Yo te puedo odiar, pero no por eso te voy a insultar.
No sé qué habrá ganado esta persona, tal vez muchos seguidores que empaticen o se sientan identificados con su manera de odiar, pero lo que sí sé, es que perdió un seguidor. Y lo más triste de todo, es que, si sus seguidores se juntan con él para insultar a las personas con las que no congenien, ¿qué hará que no lo insulten a él cuando sientan la necesidad de hacerlo?
Por los dos casos anteriores, es que te pregunto ¿qué es lo que ganas insultando? Evidentemente todos, en algún momento de nuestra vida, hemos ofendido de manera intencional a alguien.
Aquí el problema radica en que generalmente el origen de la causa determina su efecto. Un enojo no va a terminar en una sonrisa, una grosería no se convertirá en un abrazo. Si ofendes a alguien no esperes un halago de vuelta.
Lo que das, recibes.
Si das odio, no te sorprendas que la mayoría de las personas a tu alrededor te odien.
No se trata de ser hipócritas y fingir que todo está perfecto o hacer como que no pasa nada. Yo considero que una de los principales factores por los que algunas relaciones fracasan, es que se pierden el respeto y se ofenden mutuamente, y es que inmediatamente al insultar a tu pareja, se pierde la admiración, y sin este, el amor poco a poco comienza a desaparecer.
Repito, no se trata de reprimir nuestro enojo, eso sólo creará una bomba de tiempo que cuando detone, expulsará todo el rencor de un solo golpe.
Debemos de aprender a cómo controlarlo y transmutarlo. Porque insultar a la otra persona, aceptémoslo, es liberador, pero sin duda alguna no es la solución. En estos casos fueron personas desconocidas que probablemente no se vuelvan a topar jamás en la vida, y si lo hacen, seguramente ni se reconozcan. Pero debemos ser conscientes de que como haces una cosa haces todo, si hoy ofendiste a alguien por una tontería, permitiste que el enojo te dominara, mañana, la furia podrá tomar nuevamente el control, pero esta vez, tal vez, sea la persona que más quieres, y hay palabras que hieren, que después de decirlas, no importa cuánto perdón pidas, que acciones tomes y cuan arrepentido te encuentres, nada vuelve a ser como antes, hay heridas de las que la única cura es tomar distancia, alejarse, y tú no quieres que la persona que más ames haga eso.
Obviamente no se trata de tolerar cosas con las que no estamos de acuerdo, hay veces en las que tenemos que poner un límite, donde tal vez ofender sea la única manera de mostrar que no nos dejaremos y no permitiremos que nos hagan daño, pero honestamente, esos casos, son los mínimos.
No hagas que ofender sea algo normal, no permitas que tu rutina sea gritar groserías cada vez que un coche no avanza, no aceptes que tu estado emocional se vea afectado cada vez que las cosas no salen cómo quieres.
Elige con sabiduría en qué situaciones vale la pena enojarse, ofender en dado caso, y en cuales, es mejor quedarse callado, ignorar, y seguir con tu vida como si nada hubiera pasado. Porque muchas veces, al ofender, lo único que ganas, es amargar to propio día, así como malgastar tu poderosa y valiosa energía.
