Por fin entendí porque el jardín del vecino es más bonito que el nuestro, aunque sean prácticamente iguales.

Seguramente te ha pasado que ves la relación de tu amigo y parecerían ser una pareja perfecta, hasta cierto punto, envidias su relación porque no es cómo la tuya. Miras la vida de la persona que te cae mal, y te cuestionas del por qué su vida pareciera ser perfecta, todo le sale bien, mientras tú, por más que lo intentas, nada te sale de la manera que deseas, y eso, evidentemente te agobia, te hace sentir que hay algo mal en ti, o peor aún, en tu entorno. Y seamos honestos, este escrito no es de fantasía para hacerte sentir bien y culpar al destino de todo lo que no te gusta y está en tu vida. Tampoco se trata de echarnos la culpa y decir que somos un fracaso. Porque no es ni una ni otra, y a la vez son ambas; es la bendita maldición de la caja de Schrödinger, el fracaso/éxito está en ti y en tu entorno al mismo tiempo, cuando pones atención y abres la caja para ver qué hay dentro, te das cuenta que lo que hay es lo que te convences de ver.

Al final, solo vemos una pequeña parte de la realidad, podemos admirar e inspirarnos de esa pareja que se ve feliz, pero sólo vemos un fragmento de su relación, no somos conscientes de todos los problemas que han enfrentado y que se encuentran resolviendo.

Si piensas que la causa de tu fracaso es tu entorno, estarás en lo cierto. Si crees que la causa de tu éxito es gracias a todo lo que te rodea, también tu creencia será acertada. Y lo mismo pasa si cambias el factor del entorno a ti, si crees que tu fracaso o tu éxito es un efecto de ti, de tu actuar, de tu pensar, de tu forma de ser… así será. En esta vida, lo que crees, es. Al menos, así lo es en tu realidad, en tu punto de vista, es el capítulo de tu vida, y sólo tú decides cómo narrarlo.

Creo que nuestro peor error, es culpar a un sólo factor por aquello que nos pasa. Muchas veces, creemos con firmeza que nosotros somos los culpables de que nos vaya mal, cuando tal vez estamos plantando nuestra semilla en el desierto, en condiciones donde las posibilidades de que germine son extremadamente escasas. Y nos aferramos tanto a esa creencia, que en lugar de analizar nuestro entorno y cambiarlo, terminamos exigiéndonos más, esforzándonos más, malgastando nuestra energía, pues nos encontramos nadando a contracorriente, cuando el cambio más simple y efectivo sería movernos de lugar. Y lo mismo a la inversa, podemos encontrarnos en un entorno tan favorable para poder crecer y lograr todo lo que queremos, pero nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestra flojera, nuestra propia mente, termina autosaboteándonos.

Hoy me tocó llevar mi auto al taller para su servicio de mantenimiento, y me sorprendió el ver cómo estamos tan acostumbrados de tener el mismo punto de vista, todos los días, y debido a esto, nos volvemos incapaces de ver otros factores, otras alternativas, otras oportunidades.

Cuando cambia el más mínimo detalle de nuestro día, también cambia nuestra manera de ver las cosas.

Desde que compré el coche, mi punto de vista ha sido prácticamente desde atrás del volante, es decir, únicamente del interior. Claro, cuando lo dejo estacionado lo admiro, pero no es lo mismo verlo inmóvil que en movimiento. Por más burdo que suene, el verlo andar sin estar yo dentro, me hizo un clic en el cerebro, me hizo ser consciente y preguntarme; ¿cuántas oportunidades me he perdido por tan solo no mirarlas desde otra perspectiva?

Mi auto no es un Lambo, mucho menos un Ferrari, no es de ninguna marca exótica. Es un deportivo de gama baja por así decirlo, me atrevería a decir a qué de su categoría, es él más económico. Y tengo que ser honesto, a pesar de que me encanta, muy rara vez agradezco a Dios el tener la fortuna de tenerlo. Regularmente me subo, lo enciendo y comienzo mi camino. Pero el verlo hoy desde otra perspectiva, me hizo querer agradecerle a la vida.

Y sé que esto suena 100% materialista, y lo es. Pero cómo haces una cosa, haces todo. Te pregunto, ¿cuántas veces has agradecido por despertar a un día más? No esperes a que te cambie la perspectiva y enfermes para entonces sentirte agradecido por todo el tiempo que estuviste sano, hazlo ahora mismo que gozas de salud. Uno debería de agradecer por todo lo que tenemos hoy, y por todo lo bueno que nos depara el futuro. No hay que esperar a que terminemos con nuestra pareja para entonces apreciar todos los buenos momentos que vivimos a su lado.

Recuerda que sin acción no hay cambio.

Por eso te invito a qué hoy mismo, hagas algo distinto a tu rutina. Puede ser algo tan sencillo como salir a caminar, si regularmente le echas la culpa a tu entorno, interiorizar y ver qué tal vez la culpa es tuya, mirar a tu pareja desde otra perspectiva, preguntarle incluso: ¿qué crees que estoy haciendo bien o mal? Porque muchas veces para cambiar nuestra mentalidad, no basta con mirar hacia otro lado, sino aprender a escuchar, oír que es lo que la otra persona nos tiene que decir, (evidentemente una persona que genuinamente nos ame, pues de esa manera lo que nos diga, por más doloroso que pueda ser, será para nuestro bien).

Para mí, la mejor manera de reflexionar, es salir a caminar. Te invito a hacer lo mismo, sal a caminar quince minutos y piensa en todo lo anterior, analiza estas tres preguntas estoicas que se me hacen excepcionales: ¿Qué estoy haciendo bien? ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Qué podría hacer diferente?

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